Picasso

 

Nadie ignora la continua y recurrente utilización de la figura (o la firma sola) de Picasso como un icono multiusos –útil tanto para dar nombre (explotando la imagen de genialidad asociada que conlleva) a un modelo de automóvil (¿qué deviene así genial?) como para anunciar una Semana Santa (¿también genial?). Esta explotación del prestigio asociado al nombre y la figura de Picasso no encuentra obstáculo a la hora de ponerlo a trabajar (simbólicamente) a la vez (¿es esta una de las propiedades del genio: ser un significante polisémico?) como un artista revolucionario y rupturista, y como artista insertado en una línea ideal de los-grandes-maestros-de-todos-los-tiempos. El artista comunista (que sólo después de acabada la Segunda Guerra Mundial (en 1945) se inscribe en el Partido Comunista Francés – mientras los manifestantes rasgan sus telas expuestas en el Salón de Otoño de ese año)que solía cenar con Junger – entonces oficial nazi – en el París ocupado, sin que nadie le moleste (¿hace arte degenerado o Gran Arte Clásico?); Picasso plantea en su comportamiento a lo largo de su vida el modo en como después se utilizara su nombre, su obra, su aura: millonario y solidario, republicano y borbón ¿alguna lógica impide el pueda ser a un tiempo bandera republicana y trono monárquico, ateo y cofrade? Nada.

Picasso, un personaje típico del siglo XX, un oportunista, un artista de broma, un cobarde que se quedó sentado durante dos guerras mientras sus amigos sufrían y morían ( pudo haber tenido razón en la Primera Guerra, pero lo hizo otra vez, de la misma manera, en la Segunda) – se nos aparece transformado en un artista consciente, un pensador político, un buen chico (..) convertido en un artista serio y honorable (en lugar del poético e inspirado pícaro que realmente fue) deformando, sobre todo, la narración de su relación con las mujeres.

(Escaping Picasso)

Las siete mujeres de la vida de Picaso, pintadas por él mismo:

Fernande Olivier (1906)

Marcelle (Eva) Humbert (1911-12)

Olga Kokhlova Picasso (1923)

Marie-Thérese Walter (1932)

Dora Maar (1938)

Françoise Gilot

Jaqueline Roque Picasso (1954)

Françoise Gilot se separa de Picasso en 1953. Diez años más tarde publicará Vivre avec Picasso, que el pintor intentará en vano retirar de la circulación.

«Pinto con la polla», decía Pierre Auguste Renoir. ¿Quién, habiendo visto Desnudo al sol (1876) o Mujer durmiendo (1897), podría ponerlo en duda?

Como Henri Matisse, sin embargo, otro pintor cuyo impulsos eróticos tenían un poderoso efecto en su arte, Renoir fue básicamente un hombre de familia. Picasso no.

«Si tienes ganas de joder, jode» fue su lema, y, de acuerdo a John Richardson, su más importante biógrafo, actuó así sin ningún miramiento. De joven, Picasso paso «interminables horas», en frase de Richardson, en los burdeles de Barcelona. Antes, después y entre sus dos matrimonios, tuvo numerosos affairs, novias y amantes. Para él, la constante gratificación sexual parecía una necesidad urgente, y, como declara Richardson, en cierto sentido Picasso identificaba el «acto de procrear» con su arte.

(…)

La actitud de Picasso hacia las mujeres siempre fue a la vez tierna y predadora (…)La manera en que Picasso deshumaniza a la mujer –tanto en su vida real como en su obra- ha sido, por supuesto, objeto de un considerable escrutinio; una vez dijo que las mujeres eran «MACHINES À SOUFFRIR» (máquinas de –o para- sufrir), una frase que puede ser interpretada de forma diversa: que causan sufrimiento o que merecen sufrir.

(Sex, death and Picasso)