S. M. Picasso

Visita de SS. MM. a la casa natal de Picasso. 1999

S. M. Picasso

 

Desde el punto de vista de Richardson, esta «obsesiva preocupación por su autopreservación fue una de las más consistentes características de Picasso.

Esto, en efecto, explica su cuidadosa evitación de cualquier compromiso político, como con los anarquistas durante su juventud (…) nunca tuvo el más mínimo compromiso político previo a su abrazo de la causa republicana durante la Guerra Civil Española, más allá de sentir toda su vida simpatía por las víctimas de la guerra, la tiranía o la necesidad. (…) este paso se debió menos a una convicción política, según Richarson, que a esa obsesión por «auto preservarse» que le conduciría toda la vida.

Por una parte, proclamarse antifascista no comportaba ningún sacrifcio real por su parte; rico ya, podía permitirse dar dinero o donar cuadros, y efectivamente lo hizo, a beneficio de las víctimas de la guerra (…) además, el hecho de engrosar el bando antifranquista era un bono de relaciones públicas para el pintor.. Esto lo hizo no sólo más famoso de lo que ya era –ahora como un gran humanista además de como gran artista-, sino que convirtió al Guernica en una de las pinturas más famosas del mundo.

(…)

El hecho de que Picasso permitiera que su arte fuera usado para propósitos políticos –y que creara obras explícitamente políticas, especialmente desde su ingreso en el Partido Comunista Francés en 1944 (¡!)- no cuenta mucho desde el punto de vista artística: verdaderamente estas obras son en su mayoría, si no completamente, fracasos. Sólo hay que fijarse en el Monumento a los españoles caídos por Francia (1945-47) o en El gallo de la liberación (1944): ante obras de tan escasa entidad y vago sentimentalismo se hace difícil creer que el propio Picasso se las haya podido tomar en serio.

(…)

Además de ser un genio artístico, Picasso fue un genio manipulando a la gente, particularmente en cuanto a las reacciones con respecto a su obra. Para citar sólo un ejemplo: su obra maestra primitivista Les Demoiselles d’Avignon, fue pintada en 1907, pero Picasso no la expuso públicamente hasta 1916, lo suficientemente después de que en esta obra se hubiera mitigado el «valor de shock» que pudiera dañar su reputación.

(Sex, death and Picasso)